A lo lejos, corría otro soñador, se aproximaba con las facciones tristes, violín en mano y susurraba el dolor de su palpitar.Juntos, sabiendo lo que tenían que hacer, entonaron una melodía hermosa, crearon la poesía más poderosa de la velada y los pájaros acompañaban en los coros silbando sobre la calurosa noche de solitarios, con solitarias manos y solitarios ojos.
Aun, estando acompañados uno del otro, para cada violinista solo existía su instrumento. Abrazaban el cuerpo de la música en aquel instrumento, la música abrazaba a cada cuerpo. Eran capaces de sentir el calor de las notas inyectándose por sus venas, lanzando el corazón el cada movimiento al tocar.
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