lunes, 26 de noviembre de 2012

Los violinistas.

 En la inquietante noche el solitario violín sonaba, dulce, prometedor. Amando la luna, las notas callaban, giraba el violinista en medio del viento, dejando sus cabellos en el umbral del calor.
 A lo lejos, corría otro soñador, se aproximaba con las facciones tristes, violín en mano y susurraba el dolor de su palpitar.
  Juntos, sabiendo lo que tenían que hacer, entonaron una melodía hermosa, crearon la poesía más poderosa de la velada y los pájaros acompañaban en los coros silbando sobre la calurosa noche de solitarios, con solitarias manos y solitarios ojos.
 Aun, estando acompañados uno del otro, para cada violinista solo existía su instrumento.  Abrazaban el cuerpo de la música en aquel instrumento, la música abrazaba a cada cuerpo. Eran capaces de sentir el calor de las notas inyectándose por sus venas, lanzando el corazón el cada movimiento al tocar.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Cuerpo.




La velocidad de tus ojos son un constante va y ven de sentimientos.
Los segundos de tus pierna hacen ya mi culpa.
Tus labios presumidos alteran el mar.
Tus torpes manos juegan y multiplican mi culpa, sin nada.
En la pequeña distancia y en la cercanía, se crea la trama.
Un rodaje imposible.
En la melodía de tu nariz quiero estar.
Susurro el día y la noche en tu oído, y
rápidamente, oscilo, y en el camino de tu cuerpo, soy.