Le dolía el cuerpo, le pesaba la historia y en el verde de sus ojos había agua. Desesperada a travesó la ventana con la mirada y vio un enorme pasillo. Su corazón aventurero se aceleró, sus pies se movieron al unisono de la canción que sonaba a lo lejos. Siguió la música, llegó al principio del pasillo, estaba lleno de luces que titilaban y creaban la terrorífica atmósfera de un mal día, sin embargo, eso, le encantaba.Escuchó el tic-tac de un reloj... Se aceleraba y sonaba cada vez más fuerte, la frecuencia era indescriptible, retumbaba en su pecho. De pronto, dejó de sonar y al mismo tiempo se escucharon risas un poco extrañas. Ella, se comenzó a asustar así que corrió. Corrió lo más fuerte que pudo por el hilo del peculiar pasillo. Después de mucho correr, sus pies se agotaron, se tiró al suelo rendida. Se sentó, sentía con sus dedos la textura de su cabello y mientras tanto, lloraba.
Una lúgubre mariposa voló y se posó en su mano.
- ¿Aquí vives amiga? - Habló - Este lugar es un poco frío para ti...- La mariposa dejó al descubierto su pequeño rostro. Jamás había visto algo tan horrible como eso. Sus ojos rojos, su arrugado contorno, su escalofriante aura hicieron que la muchacha gritara. Se paró con brusquedad, y nuevamente, corrió hasta divisó una puerta. No dudó en entrar. Cerró y con los ojos apagados respiró. Ya calmada, abrió los ojos y notó que se encontraba en una pieza donde el predominaba el blanco con brutalidad, tanto así, que tuvo que acostumbrarse al color. Tambaleo un poco por el mar de emociones.
De blanco a negro cambió la habitación. No quedó rastro del áspero y brillante blanco, ahora todo era oscuridad y silencio.
¿Dónde estoy? - pensó.
